El documental se desarrolla en el pueblo de San Pedro Amuzgos, Oaxaca. Natal del cineasta indigena y director de esta obra, Ismael Vázquez Bernabé, quien regresa a su tierra para contar la historia de su pueblo, la fragilidad de sus usos y costumbres ante la visión religiosa impuesta a los pueblos originarios desde hace ya varios siglos y que todavía tiene sus estragos.
Bernabé es un cineasta indígena comprometido con narrar historias que preserven la dignidad y la voz de su pueblo. A sus 35 años ha transitado múltiples oficios: fotógrafo, camarógrafo, barista, artista plástico y asistente en el telar de su madre, Zoila, protagonista de su ópera prima documental Hilando Sones (2025).
En él cuenta la historia de Donato, el violinista del pueblo que se encargaba de amenizar las festividades de la comunidad: comidas, santos y bailes, pero que desde su cambio de religión en vísperas de su muerte quemó su violín y apagó para siempre la música y la posibilidad de transmitir sus conocimientos y canciones a nuevas generaciones porque la religión consideró que “inducia al pecado”.
Dicho lugar también es conocido como “Pueblo de hilados” porque ha preservado de generación en generación el arte del telar de cintura: huipiles, rebozos y manteles, símbolos cargados de identidad y saberes ancestrales. Sin embargo, dentro de la familia de Ismael la única que sigue hilando es su madre Zoila; ni sus hermanas ni sus nietas han aprendido el arte del telar.
Es narrado en idioma amuzgo, que es hablado en algunas regiones de Guerrero y Oaxaca. Hilando un poco podemos ver que es una carta y una advertencia sobre cómo podemos perder conocimientos ancestrales, música y hasta un idioma por no reconocer la importancia cultural que representan las comunidades originarias y una invitación a las nuevas generaciones a integrarse en esos saberes poco a poco olvidados.
Esta pieza es una invitación a cuestionarnos cómo es que nos enseñaron a concebir el mundo que habitamos. Una vez más el choque de diversas visiones del mundo, en este caso el religioso con su manera de juzgar lo bueno y lo malo a través de una visión sesgada y los usos y costumbres de un pueblo que se resiste a perderlas.
Pero no todo está perdido, hay registro de las piezas que Donato tocaba en sus fiestas y así como la llama se extingue también hay leña por prender. Su hijo Lorenzo, heredó su gusto por el violín y después de la muerte de su padre no solo se comprometió a aprender a tocarlo, sino que sacó del olvido canciones de su padre para volver a musicalizar las fechas importantes del pueblo de San Pedro Amuzgos. Y así, como pasó con Lorenzo, se espera que pase con una nieta, prima o ,¿Por qué no? nieto o sobrino de Zoila, que aprenderá con gusto el arte de hilar.
“El telar es como un pueblo: está formado por cientos de hilos, cada uno vital para sostener el conjunto. Si un hilo se rompe, el telar entero se pierde. Así es nuestro pueblo. Está compuesto de personas con habilidades que le dan color y vida a la comunidad. Cuando alguien se va sin un heredero, se rompe un hilo y nos queda la gran responsabilidad de recuperar nuestro telar para seguir tejiendo.”
Hilando sones es esa chispa que sirve para prender el fuego y enciende con una llama de esperanza de hacer la memoria, memoria viva; de preservar no solo usos y costumbres, también el idioma que carga con conocimientos ancestrales y le da identidad a esta comunidad. Es una carta al pasado y al presente que nos recuerda que “al morir aún tenemos la posibilidad de renacer”.
El documental ya ha sido presentado en varios festivales: con mención Honorífica por Emerging International Filmmaker Hot Docs 224, selección oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2024, entre otros.
A partir del 23 de julio podrás disfrutar de está obra visual en todos los cines.
¡No te la pierdas!