Jazive Jiménez

Jazive Jiménez

Columna| Palabras Revueltas

Entonces ¿espero a que la maten?

Sólo bastaron un par de meses para que todo fuera diferente. Un día aquella sonrisa y rebeldía que emanaba su rostro dejó de brillar poco a poco, sus palabras dejaron de ser propias, sus sueños se quedaron atrapados en la imaginación y su vida tuvo un rumbo diferente. 

Desde morras tenemos un chip integrado con ideas que pueden acabar con nuestras vidas; el príncipe azul sí existe, el amor es para siempre, luchar y aguantar todo por amor, una mujer necesita de un hombre para estar completa, después de cierta edad será difícil encontrar tu media naranja, las mujeres necesitamos de un hombre que nos haga sentir protegidas.

Ideas que han ocasionado la terrible dependencia a hombres que se sienten superiores a nosotras que a través de chantajes y violencia nos limitan, nos aíslan y nos matan. 

La violencia en contra de las mujeres tiene muchas caras, puede ser verbal, psicológica y física que va absorbiendo la vida de las mujeres. Esta violencia se vuelve invisible y muchas mujeres no se pueden dar cuenta y cuando lo logran el miedo al agresor es limitante para tomar decisiones y aún así cuando las decisiones se toman la justicia no está de nuestro lado.

La violencia es el aislamiento, es la imposición, es el chantaje, son los golpes, es el engaño, es el egoísmo, es el discurso de un “aliado” que no ve por sus hijas e hijos, que violenta a su pareja y no le ayuda a seguir con sus sueños; es más, la apaga. 

Mientras todo eso pasa, a la sociedad, a los familiares y amigos nos han metido en la cabeza que la relación es de dos y que meternos no es una opción. Que aún cuando las cosas andan mal y ella vuelve entonces no merece ayuda alguna  (como si salir fuera tan fácil), que es mejor mirar de lejos mientras todo pasa. 

Entonces… ¿Espero a que la maten? ¿Debo esperar a que un día sea una más?¿Tengo que esperar una mala noticia para exigir justicia?  …

Algo tenemos que cambiar como sociedad para que no tengamos que recibir un grito de auxilio para tratar de ayudar. Es necesario que como familiares dejemos de encubrir conductas despreciables como la violencia y el machismo. Por nosotras, por las que ya no están y por las que vienen detrás de nosotros. 

Uno de los principales pasos consiste en dejar de juzgar y culpar a las mujeres que experimentan algún tipo de violencia, pues al hacerlo las estamos revictimizando haciéndoles creer que ellas son las únicas responsables.

Hagamos conciencia de que la violencia no es normal y que el acompañamiento es vital para que deje de ser el pan de cada día de muchas mujeres. Busquemos nuevas redes que fomenten la denuncia. Seamos quien pone un alto a esas conductas que rodean nuestros vínculos familiares y sociales. 

Seamos partícipes de que nuestras hijas, nuestras amigas, nuestra mamás y nosotras podamos ser libres, podamos amar y lograr que nunca nadie nos arrebate nuestros sueños.